La Vida Monàstica

01.02.2017

En nuestra eparquìa como dice Nuestro Metropolita Ignacio aùn no tenemos un Monasterio pero hay Monjes Sacerdotes y Novicios que anhelan vivir los pasos de la Vida Monàstica. Por ello dedicamos esta pagina para interiorizarnos de la vida diaria y concreta de un verdadero monje a la luz de los Santos Padres....

San Basilio de Cesarea comenta en sus textos refiriendose a los monjes: - Admiré su moderación en la comida y su resistencia en el trabajo. - Estaba maravillado de su constancia en la oración y de cómo dominaban el sueño. Sin dejarse doblegar por ninguna necesidad natural y conservando siempre alto y libre el propósito de su alma, en medio del hambre y de la sed, con frío y desnudez, no prestaban atención al cuerpo ni estaban dispuestos a malgastar sus cuidados con él. Como si vivieran en una carne que no era la suya, mostraban con hechos lo que es peregrinar en esta vida y tener la ciudadanía en el cielo ... Consideré dichosas las vidas de estos hombres, por cuando probaban con sus obras que lleva en su cuerpo la muertede Jesús. Y deseé también yo ser imitador de ellos en la medida de mis fuerzas (Carta 223). 

Tambièn nos habla sobre el don que tiene que tener el Superior de los Monjes: Los superiores, pues, deben ser modelos perfectos de humildad, practicándola del modo como fue enseñado por nuestro Señor Jesucristo, el cualdijo: "Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón" (Mt 11,29). Porque la mansedumbre de comportamiento y la humildad del corazón deben distinguir al superior. Si el Señor no tuvo vergüenza de servir a sus siervos, sino que se dignó hacerse siervo de la tierra y del fango que él mismo había plasmado al formarnos como seres humanos, si él dijo: "Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve" (Lc 22,27), deberá ser compasivo y paciente para soportar a aquellos que faltan en cualquier cosa por ignorancia. No deberá callar sobre la falta, sino soportar con mansedumbre a los no dóciles y usar el cuidado para curarlos con toda ternura y moderación. Deberá ser muy hábil para encontrar los remedios idóneos al mal y aplicarlos sin reprochar con aspereza, sino avisando e instruyendo con dulzura, como dice la Escritura (cf 2Tim 2,25). Que sea muy cauto en las cosas presentes, previsor en las futuras, hábil para luchar de frente con los fuertes y para sostener en la debilidad a los enfermos; que esté preparado para hacer y decir todo aquello que puede servir a la perfección de sus cohermanos. No asuma la carga por iniciativa propia, sino que sea elegido por los principales de las otras comunidades y haya dado suficiente prueba de su conducta en la vida pasada. Dice el Apóstol: "Estos deben ser probados y después ejercitar el ministerio si resultan irreprensibles" (1Tim 3,10). Quien sea así, que sea elegido para la carga y establezca el buen orden entre los cohermanos, distribuyendo a cada uno los oficios según su capacidad. 

A). Los pasos en la formaciòn monàstica

El primer paso es el de novicio(a), que en la terminología de la Iglesia, es el de la obediencia.  El candidato a ser Monje o Monja vive en el monasterio bajo la dirección de un padre o madre espiritual.

El Segundo paso comienza una vez que la persona haya sido aceptada en la comunidad y tiene el derecho a vestirse con la túnica monástica: el rason. El candidato aùn no esta plenamente comprometido en la vida monástica.

El tercer paso es la primera profesión monástica, en la que la persona recibe un nuevo nombre y se viste del hábito monástico completo, prometiendo permanecer en la comunidad monástica en perpetua obediencia al padre o madre espiritual y a quién está a cargo del monasterio, llamado Abad o Abadesa. El ofcio de profesión monástica, además de varios himnos y oraciones, incluye también una larga serie de preguntas referidas a la autenticidad de la vocación del candidato/a, seguido de la tonsura (el corte del pelo en forma de cruz, igual a que se hace en el bautismo),y el revestimiento del hábito monástico completo.

El cuarto y ùltimo paso de acuerdo a la tradiciòn ortodoxa es la de la gran profesión, reservada tan sólo para algunos. Es la expresión de la observancia más estricta de los ideales monásticos, normalmente exigiendo un estado de vida en total reclusión y recogimiento, en constante oración y contemplación. Con esta última profesión, el monje recibe un nuevo nombre, y un distintivo especial en su vestimenta. 

En la tradición ortodoxa, no existe ningún tiempo específco prescrito para la duración de cada una de estas etapas. Esto se debe al carácter estrictamente personal de la vocación.  

También puede haber otras personas que vivan en la comunidad monástica, aunque jamás vayan a hacer los votos. La decisión en estos asuntos es tomada individualmente en cada caso, por el padre espiritual y el que está a cargo del monasterio.  


B). Tipos de Monaquismo


En la Iglesia Ortodoxa, no existen distintas órdenes religiosas como en la Iglesia Catòlica Romana, sí existen en la tradición ortodoxa diferentes tipos de vida  monástica, se trate de vida individual o comunitaria. 

En términos generales, algunos monasterios pueden tener una orientación más litúrgica, mientras que otros tienen una disciplina mas ascética; unos pueden tener una práctica mas mística y otros estarán más inclinados hacia la guía espiritual y la apertura al mundo, para ofrecer ayuda y consejo a las demás personas. Estos estilos de monaquismo, que toman una forma tanto personal como comunitaria, no corresponden a esquemas predeterminados, ni ofcialmente legislados por la Iglesia. Son el resultado del desarrollo orgánico bajo la gracia viviente de Dios.

Además de estos estilos de orientación de vida monástica, se puede hablar de tres formas precisas de organización

La primera es el monaquismo cenobítico. En este todos los miembros de la comunidad realizan todas las actividades en común.

La segunda clase se llama monaquismo idiorítmico, en el que los monjes(as) rezan en común litúrgicamente, pero trabajan y comen en forma individual o en pequeños grupos. En esta clase de monaquismo, las personas incluso pueden rezar el ofcio divino diario a solas y reunirse solamente para la celebración de la liturgia eucarística; esto incluso, puede ser sólo en ocasiones especiales. 

Finalmente, la tercera clase de monaquismo, el eremítico, en el que los monjes o monjas son ermitaños, anacoretas o reclusos. Viven en absoluta reclusión individual y no se unen nunca en la oración litúrgica de la comunidad, excepto en ocasiones excepcionales. En los
casos más extremos, incluso puede suceder que se lleve la comunión al monje o monja quien permanece siempre aislado y solo.